Cuando tu mirada complacía la penumbra de mi alma en los latidos mas eternos que ha tenido mi corazón sentí el impulso de tomarte la mano y todo comenzó:
Nuestro sueño siempre fue lograr nuestras metas juntos, seguir adelante pese a todo lo que quedo atrás, borrar las heridas de un pasado que nos había distanciado por las circunstancias mas inesperadas que la vida nos presento. Jamas sentí que lo nuestro había acabado, me sentí tuya después del a distanciamiento ya que fue por mi propia culpa, que no pude controlar mis profundos sentimientos, cuando debía resguardaros con celo ante la vida misma, para que la vida misma me demuestra la verdad de un sin razón.Un sin razón que comenzó cuando todo acabo.
Cuando el destino se impuso ante mi con toda su furia y desencadenamiento, tome la desicion mas difícil de mi vida, apartarme de mi cuerpo. Pero antes tenia una misión, volver atrás el tiempo.
Teníamos un pacto, un pacto de amor, un pacto de sangre, que ni con la distancia se olvido, ya que el olvido no era digno del mismo, porque fue el mismo olvido fue el que lo provoco. Nos amábamos con locura, no había limites en nuestro amor, ya que no eramos dos almas juntas, sino una misma en fusión. No cualquier ser podría entender nuestros pensamientos, que son movidos por un sentimiento de pasión, de amor, de un sin limites de locura donde la mayor amargura era caer en la deserción del uno al otro. Nuestros sentimientos siempre fueron movidos por pruebas de amor, donde el riesgo era la sensación de satisfacción. De demostrar nuestro ser al máximo nivel, para poder entender el amor verdadero.
Con lagrimas en tus ojos, me dijiste me había llegado el final, era la hora de comenzar el principio del fin.
Ya quedaba poco tiempo para maniobrar y llevar a acabo nuestro sueño, el de amor eterno, donde ni la muerte ni la vida ni un karma mayor nos podría distanciar, ya que nuestras almas juntas siempre van a estar.
Teníamos todo preparado, las presas en la habitación, atadas de pies y manos a nuestra misión. Nuestra intención no era hacerles daño, sino elevar nuestros espíritus a un máximo nivel, donde podríamos alcanzar la inmortalidad de nuestro ser.
Ya afiladas las cuchillas, el bisturí y nuestro amor, nos dirigimos despacio a la habitación, mire tus ojos donde tu mirada profunda me hacia creer en esta misión, fue cuando tome tu mano, te bese con pasión, te dije estoy lista, y todo comenzó.
La puerta se abrió con un sonido estremecedor, el cual era música para mi alma, pero gritos de desgarro para mi corazón, el cual de un momento a otro se acelero.
Dimos nuestro primer paso, y ahí dentro todo era caos, todo era desesperación, gemidos suplicas y suplicios de nuestros conductores a nuestra misión, de esos cuerpos con vida que nos elevarían a un mundo mejor.
Me sentí impulsada a tomar mi primer conductor, era una mujer muy joven, que me pedía por favor. Le dije que estaría bien, que no le quería hacer daño, solo era parte de una misión, si la vida ah sido una tortura para nosotros, donde nos desgarro el alma, donde el sufrimiento era nuestro sentimiento cotidiano hacia la vida que nos había tocado, un dolor físico era nada mas que un dolor superficial, el cual no tenia sentido el cual no se debía negar. Junto sus manos y se arrodillo me miro a los ojos y me suplico, le dije que lo sentía pero jamas me iba a arrepentir de lo que llevaría a cabo porque el amor verdadero de limites no esta formado.
Tome el bisturí, comenze a profundizar sobre la piel de su dorso, sin dañar su interior, escribí tu nombre, de tal manera como escribiste tu nombre en mi alma y una gran marca me dejaste, sus gritos eran desesperantes se retorcía de dolor, la sujete lo mas que podía para hacer mas fácil esta misión. Lagrimas de mis ojos salían y te mire y no pude evitar reírme y decirte lo hice mi amor, es tu turno, es tu elección. Tomaste la misma victima que yo, tomaste hilo y aguja para enhebrar las heridas que le había causado, porque de esa manera me demostrabas como fui el hilo conductor de tu vida, que sano tus heridas, tu sabias que eso me satisfacía ver esa sangre sentir tu sudor, me agarraste me besaste con mi cara ensangrentada, empapada de dolor me dijiste lo hicimos, pero aun no acabo...
Había un hombre en el rincón el cual no hablaba, no lloraba, parecía estar en shock, nos acercamos a él y comenzo a temblar nos miro fijo y su cabeza bajo, ¡no era eso lo que queríamos! queríamos gritos queríamos suplicios queríamos dolor. Esto no estaba funcionando el hombre tan solo se entrego te mire desesperada, había que actuar pero así no funcionaba debíamos ruegos escuchar, el hombre se negó a hablar el hombre se entrego, así que tome mi cuchilla y en su pecho penetro, el hombre cerro sus ojos, por dentro y en silencio sufría su dolor, pero la agonía la estaba sintiendo yo, la agonía de un sufrimiento interno que no tenia demostración, arroje la cuchilla al piso corrí hacia afuera de la habitación, me seguiste me buscaste y cuando me encontraste me dijiste que no pierda el control, esta era nuestra misión para llegar al amor eterno, debía hacerlo por amor, para alcanzar juntos, la inmortalidad de nuestro ser.
Volvimos juntos, porque juntos siempre estaremos, el hombre había muerto, el hombre nos fallo. Pero quedaba alguien mas, quedaba nuestra mayor misión... Nuestro hijo. Un alma inocente que no merecía vivir el sufrimiento de este mundo lamentamos por cinco años causarle el dolor de vivir. Así que nosotros mismos eramos los responsables de acabar con lo que comenzamos. Un dolor en él, nuestro pequeño, acabaría con todos, así que acaricie su cabello lo abrase con temor, tape sus ojos... me aleje me aferre a ti, nos abrazamos en un lazo profundo y eterno, le había dado el arma y le dije que no tema que era parte de la vida lo que sucedería. Así que apretara ''la palanquita'' y que moviera el objeto en cualquier dirección, el arma no era pesada fácilmente de ella tenias control, le dije que seria un juego en el cual lo acompañaríamos así que mi pequeño el mismo al nosotros le dimos la vida acabaría con la nuestra, en una cadena sin fin, en un circulo vicioso de sensaciones, elevando nuestro ser a la inmortalidad total, en un amor eterno el cual no podría acabar jamas. Hoy escribo desde un lugar no físico donde por nuestros pecados debemos pagar, pero eso no importa nuestro amor es inmortal.
Ximena Sosa
